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#Cuba desde las estrategias de Seguridad Nacional de #EstadosUnidos: Normalización

La proyección de política internacional norteña ha influido notablemente en el decursar de sus relaciones con Cuba. Imagen: Razones de Cuba.

Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos han estado permeadas desde sus inicios por la proyección de Seguridad Nacional norteña. Un consenso relativo en la comunidad académica indica la existencia de tres grandes estrategias de esta índole a lo largo de toda su historia: la Doctrina Monroe, la Contención y la Doctrina de la guerra contra el terror. Ninguna de las formulaciones abandona completamente la anterior, sino que incluye sus objetivos centrales en la próxima.

La Doctrina Monroe emerge ante la necesidad de Estados Unidos de hallar su lugar entre el resto de las potencias mundiales. Para ello requería de una esfera de influencia propia. Como refiere el investigador Ernesto Domínguez, en su artículo El diálogo Estados Unidos-Cuba en el sistema internacionalencontró espacio natural en el continente americano (Domínguez, 2018, p. 81). Desde la premisa “América para los americanos” pretendían mantener a las naciones europeas fuera del área geográfica. En consecuencia, Cuba era concebida como un “apéndice natural” que “gravitaría” inevitablemente hacia la Unión.

En el caso de la Contención, refiere Rosa López Oceguera (2019), el alcance se extiende a Europa Occidental, donde el pujante imperio precisaba de una presencia legítima. En La máxima de alejar las pretensiones europeas del hemisferio se transforma en la “exclusión de la URSS de todo el llamado ‘mundo libre’ liderado por Estados Unidos” (pp. 211-212).

Triunfo de la Revolución cubana: Una fisura a la hegemonía imperialista

La Revolución triunfa en medio de la Guerra Fría. Ese hecho incidiría en la forma de tratar con la isla caribeña de cada una de las administraciones posteriores. Las relaciones de Cuba y Estados Unidos fueron parte activa de la dinámica, por lo cual los momentos de tensión y relajamiento no pueden leerse fuera de este contexto.  

A finales de la década de 1950, los monopolios norteamericanos poseían gran parte de la banca, los servicios públicos, la tierra, las refinerías de petróleo y las industrias más importantes de la Isla. El compromiso del nuevo gobierno de revertir la deplorable situación del país inspiraba desconfianza dentro de las élites de Washington. La sucesión de medidas mostró el matiz radical del proceso. Como respuesta, la administración de D. Eisenhower definió su hostilidad hacia las transformaciones llevadas a cabo en Cuba.

Una vez tomada la decisión de eliminar al Comandante en Jefe Fidel Castro, valoran LeoGrande y Kornbluh (2014), era lógico el uso de medidas coercitivas de corte económico. En esas primeras acciones yacen las raíces del bloqueo, pilar de la política agresiva hacia La Habana por más de medio siglo. También comenzó el entrenamiento de paramilitares del “exilio histórico» y el apoyo a grupos contrarrevolucionarios en el plano interno. El 3 de enero de 1961, Eisenhower rompía de forma oficial los vínculos diplomáticos y consulares con Cuba.

Para Domínguez, es sencillo explicar la actitud hacia la Revolución, si tomamos en cuenta dos de sus implicaciones inmediatas. En primer lugar, representaba una ruptura con el sistema de dominación hemisférico establecido por EE.UU. Por otro lado, la salida de Cuba de la órbita norteña representaba una fisura para el lado capitalista, en su permanente confrontación con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Ramírez y Morales (2014) agregan que debilitó el sistema de hegemonía internacional capitalista:

al seguir la Isla a partir de entonces derroteros independientes y, por si fuera poco, socialistas, tan solo a noventa millas de distancia de la potencia del Norte. No fue casual que el caso cubano pasara a ser un problema de seguridad nacional para el imperialismo estadounidense, un desafío ideológico inadmisible frente a las posiciones hegemónicas de Washington en la región, con posibilidades de convertirse en un ejemplo a imitar por sus vecinos. (p. 4)

¿Normalización?

El temor inicial a una alianza cubano-soviética se materializa en la década de 1960. Desde entonces, la condición de una ruptura con la URSS y “dejar de exportar” la Revolución al mundo se convirtió en una constante dentro de los requisitos para cualquier intento de normalizar las relaciones con Cuba

En primer lugar, el citado término adquiere interpretaciones diferentes para cada Estado. Por la parte antillana, apuntan Ramírez y Morales (2014), normalización significa:

el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre ambos países y la desaparición de la agresividad que ha caracterizado la política de los Estados Unidos hacia la Cuba revolucionaria; comienza por el levantamiento de lo que ha sido el núcleo duro de la política: el bloqueo económico, comercial y financiero. Normalización no significa ausencia de conflicto ideológico y de diferendo en determinadas esferas, sino la existencia de estos junto a los espacios de cooperación. (p.1)

Desde la óptica estadounidense, las bases del concepto se encuentran en una relación de subordinación y dependencia, derivada del conflicto asimétrico que ha ligado a ambas naciones a lo largo de la historia (Hernández, 2015, p.638). Tal dicotomía repercutiría de forma negativa en cada uno de las tentativas de acercamiento gubernamental.

Tomado de Razones de Cuba

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