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El coronavirus acecha a Venezuela desde el exterior

Tomado de Correo del Orinoco

Allende las fronteras proviene el 80% de los contagios de Covid-19, por un proceso único en el mundo mediante el cual cerca de 60 mil compatriotas han retornado a la patria huyendo no solamente del mortal virus, sino también del hambre y del odio ancestral a Bolívar del cual han sido víctimas

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“Le hago un llamado al Zulia y a todo el país: no aceptemos gente que se haya metido por las trochas y haya burlado los controles sanitarios y lleguen a sus casas, porque llegan a contagiar”. En esos términos se dirigió al país el domingo 7 del corriente el presidente legítimo y constitucional de la República, Nicolás Maduro Moros, en una suerte de clamor que han venido repitiendo la vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, y el vicepresidente de Comunicación, Cultura y Turismo, Jorge Rodríguez, ante la avalancha de casos de contagios por coronavirus provenientes del exterior, multiplicados en las últimas semanas.

“Tenemos casos graves en el Zulia, en el occidente del país, de gente que pagó hasta 100 dólares para pasarse por una trocha y se fue a Barquisimeto, San Cristóbal, Boconó, Valera, y por el sur tenemos casos graves, se fueron a Delta Amacuro directo, a Sucre, Anzoátegui, Monagas, Bolívar, y han contaminado a su familia. ¿Ustedes se dan cuenta? ¿Todo el esfuerzo que hemos hecho? ¿Todo el esfuerzo que ustedes han hecho para que llegue una persona por capricho, por indisciplina, por irresponsable, a llevarle el coronavirus a su familia y contagiar a su niño, su mamá, su papá, su abuelo?”, remachó el Jefe del Estado.

“(…) Mire, si usted tiene un vecino y se da cuenta, llame al hospital centinela, al CDI más cercano, a la policía, a la Fuerza Armada, para que vayan a buscar a esta persona y hacerle las pruebas y hospitalizarlo si es necesario”, insistió.

FENÓMENO ÚNICO

La cifra se incrementa de manera vertiginosa. Desde el 6 de abril hasta el momento de redactar esta nota han retornado a Venezuela alrededor de 60 mil compatriotas, echados como indeseables a las calles en otros países luego de utilizarlos hasta meses atrás como mercancía, en la infame campaña destinada a generar la idea de una supuesta “crisis humanitaria” para justificar invasiones a nuestra patria.

Antes, a cambio de abandonar sus raíces, sus familias, les prometieron empleos con abundancia de dólares, lejos del “rrréeegimen”. Los convirtieron en parte de la “diáspora”, a expensas de la cual recolectaron cientos de millones de dólares los mercenarios de Acnur, del Cartel de Lima, del grupo gansteril encabezado por el títere designado por los genocidas de Washington para liderar los intentos de derrocar al presidente Nicolás Maduro Moros y liquidar la Revolución Bolivariana.

Jamás vieron un centavo. Rápidamente, la realidad los sacudió: larguísimas jornadas laborales por salarios miserables, condiciones de vida infrahumanas y, sobre todo, el odio a Simón Bolívar, el mismo que le diera la libertad a la mayoría de esas naciones donde ahora son despreciados, inoculado de generación en generación por las oligarquías apoderadas del poder en la región.

Pero se abalanzó el coronavirus sobre el mundo y se exacerbó por parte de los herederos de la traición, el odio al Padre de la Patria y a sus hijos, cayendo también en esas oscuridades quienes manipulados durante un par de centurias ven a sus hermanos venezolanos como enemigos. Comenzaron los despidos y desalojos masivos de compatriotas, lanzándolos a las calles sin ningún tipo de protección frente a la pandemia, obligándolos a emprender un largo, martirizante camino de retorno a la patria que jamás debieron abandonar. Esta vez, el silencio de los mercenarios de la comunicación ha sido escandaloso. Pocos los mencionan, muy distinto a cuando la marcha era en dirección contraria y servía para atacar a Venezuela. La mercancía humana ya no les es útil.

Es un fenómeno único en el mundo. Son alrededor de 60 mil los hijos pródigos desde el 6 de abril, cifra que seguramente continuará incrementándose con quienes no solamente traen el alma desgarrada junto a sus escasos enseres: algunas, algunos también portan en sus organismos un pasajero indeseable, el Covid-19.

De los poco más de 3 mil casos positivos mostrados por nuestro país hasta el 16 del corriente, el 80% corresponden a quienes desde la citada fecha han cruzado nuestras fronteras: unos 1.700 provenientes de Colombia, más de 200 de Brasil, otros de Ecuador, Perú, Chile, obligando al Gobierno Nacional a asumir urgentes y extremas medidas para evitar la propagación exponencial de este virus. Para ello se han instalado los Puestos de Atención Social Integral (PASI) en nuestros principales pasos fronterizos para establecer un estricto control sobre quienes ingresan a nuestro territorio.

INDEFENSOS

Para tener una idea del nivel de amenaza que se cierne sobre nuestra nación debido a la irresponsabilidad de quienes gobiernan países vecinos, el Brasil del fascista Jair Bolsonaro ya se convirtió en el segundo del mundo en contagios y fallecidos, más de 900 mil y 44 mil, respectivamente, mientras que la Colombia de los narcoparacos Iván Duque y Álvaro Uribe Vélez llevaba hasta el martes 16, según el portal Tikitakas, 54.931 casos positivos y 1.801 víctimas fatales, aunque la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez denunció días atrás la existencia de un subregistro del Gobierno de esa nación. “Están mintiendo al mundo y esto no permite avanzar en la cooperación sanitaria debida”, subrayó en ese momento.

Mientras tanto, en medio de una total indefensión, la situación de venezolanas y venezolanos en esas vecindades se agrava a ritmos acelerados. En abril fuimos conmocionados por el fallecimiento de la integrante de la selección nacional de bádminton, Michelle Martínez, quien con poco más de 20 años laboraba como entrenadora en Barranquilla, donde terminó sucumbiendo víctima del mortal virus, encerrada donde vivía ante la inacción e indiferencia de las autoridades colombianas.

Semanas atrás, cientos de compatriotas sin viviendas ni trabajos montaron un campamento en una plaza de Bogotá, a la intemperie, sin las mínimas condiciones de protección para evitar contagios y utilizando plásticos a manera de carpas.

El 8 de este mes, el alcalde de Cúcuta, Jairo Yáñez, advirtió que esa ciudad “…no está en condiciones de atender y recibir por tiempo superior a un día”, a quienes intentan desesperadamente regresar a Venezuela.

Diariamente, se reportan caravanas de miles de personas que por distintos medios, inclusive a pie, han emprendido el penoso camino del regreso desde diversas ciudades colombianas y hasta de Chile, Ecuador y Perú.

“ESFUERZO EXTRAORDINARIO”

Mientras los sicarios mediáticos intenta imponer matrices atribuyendo al gobierno del presidente Maduro supuestas trabas para impedir el arribo de nuestros compatriotas, el Ejecutivo Nacional ha dispuesto medidas especiales para que el retorno se haga de manera organizada, garantizándoles a esas personas la debida atención que les fuera negada en otras partes y acentuando la vigilancia en toda la frontera.

Para ello ha instalado los PASI (Puestos de Atención Social Integral) en los puntos fronterizos con Colombia y Brasil.

“Es un esfuerzo muy grande, extraordinario, el que está haciendo el Gobierno Nacional, nuestro presidente Nicolás Maduro Moros, para contener, mantener, restringir, el contagio de esta enfermedad, para evitar que se propague hacia el resto del país”.

Así lo expresa la doctora Ángela Valbuena Hernández, jefa de Ginecología y Obstetricia del Hospital de San Antonio del Táchira, quien forma parte del inmenso batallón de personas que ha estado atendiendo con profundo amor patrio a los compatriotas que regresan a Venezuela por aquella importante población.

Ese batallón, vale decir, tiene al frente a Freddy Bernal, designado por el Presidente de la República como protector del Táchira, y cuya labor ha sido incansable durante todo estos meses.

“Ha sido un despliegue importantísimo, un gran trabajo el que se ha venido llevando a cabo a través de los lineamientos emanados del Gobierno Nacional, que se ha logrado montar de manera muy organizada, desde el Protectorado del Táchira, también de la autoridad única de Salud, la coronela Amelia Freizell, quien está en constante relación con la Zona Educativa, a cargo de la licenciada Charly Rojas, quien a su vez está en contacto con todas las unidades médicas del Ipasme en la entidad”, detalla la doctora Valbuena Hernández.

“En San Antonio y Ureña, se han establecido los PASI, donde se da alojamiento, alimentación, cuidados en materia de salud a todos los compatriotas que llegan a través de la frontera. Hay cualquier cantidad de efectivos y de funcionarios públicos, de Contraloría Sanitaria, Guardia Nacional Bolivariana, militares de diversos componentes, incluyendo la Milicia, cuerpos policiales, bomberos, Protección Civil, Misión Barrio Adentro, Misión Médica Cubana, Defensoría del Pueblo, Centro de Protección del Niño y Adolescente (Cepna), profesores y maestros, todos contribuyendo día a día para que el regreso sea de la mejor manera posible, para evitar la propagación de los contagios, enfocados en la gran problemática que hay incluso en cuestiones como la de la documentación de niños y de algunas otras cosas que se presentan”, explica.

La doctora Ángela Valbuena Hernández destaca que en esos puestos se atienden en un día a entre 300 y 350 personas.

“Se coordina su atención en salud con el Distrito Sanitario número 3, que es el del Hospital de San Antonio, y en Ureña, con la Misión Barrio Adentro, que está en el CDI. También labora personal de las alcaldías, con sus titulares William Gómez y John Carrillo, respectivamente, quienes han estado muy inmersos en esta labor”, adiciona.

LA ATENCIÓN

El trabajo es intenso, cuidadoso, humano en extremo. “Se les da alojamiento por intermedio de la Zona Educativa, con los trabajadores de las alcaldías, que están pendientes, junto con funcionarios de la GNB, Milicia, Policía, para el resguardo y organización de estas personas que vienen llegando”, expone la doctora Valbuena Hernández.

En lo que respecta a los profesionales de la salud, las exigencias cotidianas varían: “A los médicos se nos presentan cualquier tipo de casos, desde síndromes diarreicos, hasta incluso pacientes posoperados; se les presta toda una atención integral, se les dan sus medicamentos, se les hacen exámenes físicos y si requieren hospitalización se coordina con bomberos y Protección Civil de Ureña y San Antonio para su traslado. En mi rama, hay un gran número de embarazadas que han ingresado a nuestro país, en esos casos me dirijo hacia los PASI de ser necesario o si no las trasladan a la Unidad Médica del Ipasme –de la cual también es coordinadora-, donde se les realizan ecografías y hasta hemos atendido partos en tres oportunidades y en otras cinco se les ha referido al Hospital de San Antonio”.

La funcionaria subraya: “Todo ello se ha hecho bajo la coordinación de la Autoridad Única en Salud en Táchira y con la participación decidida del personal del Ipasme, donde se realizan ecografías a la mayor cantidad de pacientes que lo requieran de manera preventiva, para realizarles un control, porque la mayoría vienen sin el mismo desde Colombia, pues allá no tienen la atención médica por su sistema de salud, que es totalmente diferente al de nosotros”.

Por supuesto, hay protocolos que se han venido perfeccionando para atender los casos positivos por el nuevo coronavirus y evitar su propagación hacia el resto del país: “Lo de los casos de Covid-19 es algo que se ha manejado muy bien. A todas y todos los que ingresan al país se les practica la prueba rápida para descartar la enfermedad, su examen físico, su toma de temperatura y así mismo, en caso de salir una prueba rápida positiva, se aíslan inmediatamente en los centros destinados especialmente para ello, en los CDI de San Antonio y Ureña, este último destinado exclusivamente para esas funciones, mientras que toda la emergencia se trasladó a la Unidad del Ipasme, que actualmente se dedica a la atención de otro tipo de pacientes, incluyendo consultas”.

La especialista precisa que a quienes arrojan positivo en la prueba rápida “…se les hace el isopado nasofaríngeo, que es la prueba del PCR, para proceder al confirmatorio y gracias a las gestiones del Protectorado y de la Autoridad Única en Salud, que diligenciaron una unidad móvil pequeña para San Cristóbal, ahora podemos tener esos resultados más temprano, más rápidamente y de una manera confiable”.

“Esos pacientes se mantienen en los PASI en aislamiento por aproximadamente 15 días, nuevamente se les realizan y si salen sus pruebas negativas, sin sintomatologías, se les traslada hacia sus ciudades de origen. Eso se está haciendo de una manera muy organizada. El Ipasme ha estado allí también en ese frente, como un brazo más, en concordancia con el Protectorado del Táchira, con la Autoridad Única de Salud, las alcaldías de San Antonio y Ureña, y todos quienes estamos acá para eso, para trabajar en beneficio del pueblo”, finalizó la doctora Ángela Valbuena Hernández.

T/ Jimmy López Morillo
F/Archivo CO

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