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Salvando el amor: «Ayúdame: tú que puedes, quédate en casa» (+ Fotos)

El estrés, el cansancio físico y mental, el apoyo emocional que necesitan los niños confirmados con Covid-19 y el miedo son, junto a las complicaciones propias de la enfermedad, otros desafíos a los que se enfrentan los pediatras que trabajan luchando contra el coronavirus. Así lo cuenta la doctora holguinera Susel Jiménez Palmero

Serie Multimedia «Cuba salvando el amor»

Tomado de Juventud Rebelde

«¡Negativos todos!», escribe la doctora Susel a través del chat de Whatsapp. Los resultados de PCR acaban de llegar. Lo anuncia como otra victoria más. Ha tenido mayor cúmulo de sentimientos y experiencias en el último mes que en toda su vida. Ahora está tranquila y feliz.

Son alrededor de 135 trabajadores de la salud con los que trabajó la joven residente de segundo año de Pediatría durante más de quince días en el Hospital Militar Fermín Valdés Domínguez, de la provincia de Holguín. Aún deberá permanecer en el centro de aislamiento hasta que se completen los 14 días de su cuarentena, pero el peligro inminente ha pasado: la Covid-19 no pudo ni con sus miedos ni con la inexperiencia ante las pandemias.

Se alisa un poco el pelo con las manos y posa para la foto, con los ojos brillantes encima del nasobuco. En casa la espera su familia, aun cuando en el hospital ha cautivado corazones, sobre todo el de Carlitos, el muchachito que le pedía fotografías para conocer su rostro detrás de la máscara. Ella lo dice y se ríe, porque sabe que se trata de esos enamoramientos platónicos de los pacientes preadolescentes que se sientes protegidos y encariñados con las doctoras jóvenes y cándidas como Susel Jiménez Palmero, a quien ninguno de sus pacientes le notó el miedo en el rostro cada vez que los atendía. No se lo notaron, pero ella sí lo sentía:

«Los dos primeros días lloré mucho porque extrañaba a mi familia y sí, también sentía mucho miedo. Nunca pensé que me iba a tener que enfrentar a esta situación tan temprano en mi vida, y mucho menos como residente de segundo año; pero gracias al apoyo de mis compañeros pediatras, a los intensivistas pediátricos, como el profesor Alfredo que nos ayudó y guio con los protocolos y la atención directa a los niños, pude crecerme y desempeñar bien mi labor. Lo que me hace feliz es saber que ayudé a muchos niños y que sus familiares estaban muy agradecidos con nuestro trabajo», confiesa esta joven que, a pesar de sus temores, se ha convertido en la heroína de esos pacientes y de sus padres, pero también de su propia familia y de sus amigos.

Cuenta Susel que desde el 8 de abril, cuando comenzó a trabajar en el Hospital Militar, su rutina laboral se transformó, y hasta la manera de vestirse para entrar a una sala cambió: lo que antes hacía casi de forma automática ahora lo ejecutaba de manera ordenada y consciente, porque una equivocación le podía costar su salud. Para quien no conoce sobre estos protocolos puede resultar sencillo, pero no lo es.

«Cada vez que íbamos a entrar a atender a los niños, debíamos ponernos dos gorros, dos batas quirúrgicas, tres pares de guantes, tres nasobucos, un par de gafas, una careta… Todo eso es un poco estresante, y más con el calor que hace en nuestro país. A las 2:00PM el sudor me corría por las piernas, por la espalda y salía ahogada del calor. Los primeros tres días, de tanto utilizar nasobucos, se me quemó hasta la nariz por la fricción», recuerda la doctora.

Habrá detalles que, con el tiempo, seguramente se borren de su memoria, inevitablemente; pero será difícil que Susel pueda olvidar a sus dos primeros pacientes positivos a la Covid-19: Abraham y Arletis, dos niños del municipio de Gibara, al norte de Holguín, aunque hoy ella habla de los 12 infantes que atendió, incluyendo al bebé tunero Anthony, con apenas cinco meses de nacido.

Es posible que ni ella misma sea consciente de cuánto ha crecido, tras intensos días de guardias médicas enfrentando al enemigo más contagioso que hubiese visto en su corta carrera como médico. Ya se lo dirá el tiempo, cuando mire hacia atrás y se dé cuenta de que el camino de una doctora es, casi siempre, la de afrontar cuanto obstáculo aparezca para salvar una vida.

 

 

 

 

 

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