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Otra consecuencia de la represión en Chile: Los jóvenes repudian el servicio militar

Centro de reclutamiento en Santiago de Chile. Foto: EFE.

Tomado de Cubadebate

«¡No queremos ser milicos!» fue el pedido más escuchado durante la última semana en las oficinas que convocan a los jóvenes elegidos por sorteo para ser reclutados por el servicio militar, obligatorio en Chile, y que cientos de ellos tratan de eludir.

Los cantones de reclutamiento vivieron el caos en los últimos días, tanto de organización como administrativo, con cientos de adolescentes, barbilampiños y acompañados por sus madres, agolpados durante horas en largas filas para solicitar su exención y no verse obligados a hacer la mili, lo que hizo que las autoridades ampliasen por un mes el plazo.

Mientras las botas militares patrullaban las calles de diversas ciudades de Chile durante los estados de emergencia decretados durante el inicio del estallido social en Chile, las Fuerzas Armadas publicaron el listado de no voluntarios llamados a las fases previas del acuartelamiento.

Un sorteo general entre todos los varones que en el año concurrente cumplen 18 años (nacidos en 2001) determinó su porvenir. En los mejores casos pospondrán el servicio hasta acabar sus estudios universitarios; en los peores, la separación de su familia en pocos meses para entrar al cuartel.

Alan, un estudiante de 18 años, vive en esa incertidumbre: «Quiero tratar de eximir por mi familia, mi padre es camionero y por el desastre de Chile llega a la una de la mañana, mi madre también. Quedamos mi hermana pequeña y yo y tengo que cuidarla», afirmó a Efe mientras aguardaba su turno para presentar sus argumentos en un cantón militar.

«El Ejército quiere apoyar al pueblo pero el desastre ha hecho una guerra entre el Ejército y los ciudadanos», afirmó.

Para evitar enrolarse de forma obligatoria en las Fuerzas Armadas, los jóvenes intentan reunir los requisitos para cumplir alguna de las tres causas con las que evitarán el adiestramiento militar.

Evitan la mili si son la máxima fuente de ingresos de su familia, pertenecen a algún cuerpo de las fuerzas del Estado o poseen alguna incapacidad física o psíquica.

Menos voluntarios.

El servicio militar prioriza a los voluntarios, (9.388 hasta el 31 de octubre), y cubre el resto de cupos con jóvenes no voluntarios.

Tanto unos como otros deben pasar un proceso de selección en febrero en el que muchos quedan fuera por diferentes motivos.

Para asegurarse que cubren con seguridad los 10.377 cupos vacantes este año, las Fuerzas Armadas convocaron al 95 % de los jóvenes no voluntarios.

La prioridad será para los voluntarios que hayan superado las pruebas y las demás plazas se sortearán entre los no voluntarios que también hayan pasado el proceso de forma favorable.

De ahí las largas filas en los cantones tras el llamado a una generación casi completa, ya que los voluntarios se han reducido en un 27,5 % en comparación con 2018, y un 45,7 % con el año anterior, según las cifras entregadas a Efe por la Dirección General de Movilización Nacional (DGMN).

El general de brigada Hugo Lo Presti, máxima autoridad del servicio militar en Chile, apuntó como causa de la reducción en el número de voluntarios a un descenso de la natalidad en esa generación que ahora cumple la mayoría de edad.

Aunque los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de Chile, entre 1999 y 2001, los nacimientos disminuyeron apenas un 1 %.

Preguntado por si los casos de abusos militares durante las protestas en Chile han podido afectar a las decisiones de los jóvenes, Lo Presti reconoció que «hay un impacto en lo mediático respecto a la percepción de la institución».

Amnistía Internacional indicó este jueves en su informe sobre el estallido social que «sacar al Ejército a las calles tras imponer el estado de emergencia tuvo consecuencias catastróficas» por los cinco presuntos homicidios a manos de agentes del Estado, que forman parte de los 23 fallecidos hasta el momento en las protestas.

Lo Presti también afirmó que la opción del servicio militar resulta una proyección laboral válida para los jóvenes con menos recursos, que ven una oportunidad de capacitación e incluso de inserción en el mercado de trabajo.

El estigma de una generación.

Los jóvenes que ahora tienen que afrontar el servicio militar, todos nacidos en 2001, no vivieron la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), ni tampoco la represión del régimen.

Sin embargo, la imagen de los militares en las calles en el inicio de las protestas hizo resurgir un estigma del pasado dictatorial hacia las Fuerzas Armadas.

Dylan, uno de los jóvenes que resultó convocado, mostró su recelo: «Yo creo que todos sentimos lo mismo por lo que está pasando ahora, pero también por el golpe de Estado (11 de noviembre de 1973). Ha habido varios casos que han ensuciado el nombre del Ejército en Chile», explicó.

(Con información de EFE)

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