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¿A QUIÉN LE IMPORTA TODAVÍA EL G-7? (BIARRITZ, 2019)

Un encuentro que se coloca oficialmente bajo el signo de las desigualdades, pero que también evocará los temas que crispan a esos siete países, como el impuesto GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) ante el que los franceses y los británicos, por una vez unidos, se oponen a los estadounidenses; el medio ambiente, pasando por la guerra comercial entre los Estados Unidos y China.

¿Pero se mantendrá este G-7 a la altura de las expectativas? Lo podemos poner en duda. Además, ¿es realmente este “club” de los siete países más ricos y poderosos, que dice ser desde principios de 1975 o está siendo superado por otras instituciones?

EL G-7: AGENDA OFICIAL Y NO OFICIAL

La reunión del G-7 que se celebra en Biarritz, bajo ocupación armada y asedio, atrae tanto a periodistas como a “alterglobalistas”. Oficialmente, las decisiones esperadas se refieren a la reducción de las ya mencionadas desigualdades, un tema sobre el cual podemos esperar muchas palabras hermosas y muy pocas acciones concretas.

La cuestión del medio ambiente, así como la de las negociaciones comerciales y el papel del multilateralismo se discutirán, necesariamente. Sabemos que en este punto las opiniones de los Estados Unidos y otros países difieren de manera importante.

También podemos pensar que se abordarán algunos temas que no están explícitamente en la agenda: la instrumentalización del comercio de dólares con fines políticos, por parte de los Estados Unidos, se ha convertido en un grave problema, así como los crecientes riesgos de una cercana recesión y crisis global.

Esta reunión del G-7 sin duda será una oportunidad para aclarar algunas diferencias. Pensemos por ejemplo en Irán, un tema sobre el cual Francia, Alemania, pero también Japón, no están de acuerdo con Washington, sino también la cuestión de las negociaciones comerciales.

El gobierno de Trump ha expresado claramente su descontento con los contactos y conversaciones multilaterales.

De la otra parte, los países miembros de la Unión Europea están, correcta o incorrectamente, más apegados a ella. Por lo tanto, se plantea la cuestión de la presencia de los Estados Unidos en la OMC (Organización Mundial del Comercio), que Trump ha sugerido podría abandonar, dejando claro que ya no considera que este tipo de organismos internacionales sean efectivos y útiles, al menos desde el punto de vista del millonario neoyorquino.

Esta pregunta será una parte natural de las discusiones del G-7 y, por lo tanto, de una posible reforma de la OMC.

Finalmente, debo mencionar la candente cuestión de las relaciones con China y la disputa comercial entre los USA y el gigante asiático. Pero aquí se podría mantener una relativa unanimidad de fachada, porque por algunas razones que todos conocemos, aceptarán condenar de antemano una intervención directa de Beijing en la crisis de Hong Kong, demostrando así una inmensa hipocresía.

LA “DANZA DEL VIENTRE” DE EMMANUEL MACRON

El presidente galo, Emmanuel Macron, máximo responsable de esta cumbre, es consciente de que la influencia del G-7 ha disminuido considerablemente en los últimos diez años.

Es obvio que los Siete de Hoy son herederos del lejano G-5, que se formó para tratar de coordinar las políticas monetarias de las principales potencias occidentales, tras la disolución, en 1973, de los acuerdos de Bretton Woods y que originalmente fue una idea del entonces presidente francés Valéry Giscard d’Estaing (1974-1981).

El G-7 se ha encargado de coordinar los movimientos de divisas, a medida que los tipos de cambio se han vuelto flexibles. Primero, cuando el grupo lo formaban cinco naciones, luego provisionalmente G-6 y más tarde, en 1976, con la incorporación de Canadá, se convirtió en el G-7, aumentando su influencia que pronto se extendería a otros aspectos de la economía, además de los simples problemas monetarios.

A finales del siglo XX, el G-7 representaba un rol dominante en la economía global. Ya no es el caso. Está claramente detrás de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que es un foro donde se reúnen algunos países emergentes.

La expulsión de Rusia del G-8, en 2014, que ahora lamentan tanto los líderes japoneses como los italianos, escuece aún cuando Donald Trump se revuelve fieramente contra la Federación eslava y China, marcando su declive político a nivel internacional, aunque siempre en ascenso periodístico por sus innumerables provocaciones.

Además, si calculamos con exactitud científica la participación del G-7 en el PIB mundial, comprobaremos que hoy se sitúa por debajo de los BRICS.

Es obvio que la propuesta de Emmanuel Macron de invitar a otros países, como Australia, India, Sudáfrica y Chile, representa un reconocimiento subliminal de que no todo va sobre ruedas. Pero, debo reseñar con ironía manifiesta que China y Rusia, cuyo papel es crucial en el mundo, no están invitados.

El propósito de aquella invitación es enmascarar la pérdida de influencia y prestigio del G-7 sobre lo que representa el G-20. Una propuesta que no tiene otro objetivo que tratar de romper el frente de los países emergentes de los BRICS. Como muchas iniciativas de Emmanuel Macron, este artero plan será un rotundo fracaso político.

¿G-7 Ó G-20?

Hoy está claro que cualquier club exclusivo de los países más ricos ya no tiene legitimidad, ni siquiera para proponer decisiones al resto de las naciones en vías de desarrollo o ya asentadas en el primer mundo.

Sorprende que Estados Unidos, por su parte, haya querido invitar nuevamente a Rusia a participar en el G-7, sabiendo que es muy poco probable que el gobierno de Putin acepte. Moscú sabe muy bien que este organismo tiene los años contados. Como ya dije, el G-7 es superado por los BRICS, no solo en el porcentaje del PIB mundial, sino también en las inversiones que realiza a nivel internacional.

Los dos gráficos anteriores reflejan no solo el aumento de las inversiones chinas, indias y rusas, sino también la desaceleración significativa de las realizadas por los países del G-7, ya sean alemanas o estadounidenses.

Una vez más, se puede comprobar que, hasta el año 2000, los países del G-7 representaban alrededor del 60% de la inversión mundial. El punto de inflexión, por tanto, data del siglo XXI. Los países emergentes han aumentado rápida y significativamente su participación en la inversión. Se colocaron a la par con los países del G-7, en 2009, y ya los han rebasado.

De hecho, una comparación del G-20 con el G-7 demuestra que el primero tiene prioridad sobre el segundo. Es decir, que el G-20 se ha convertido en el verdadero foro global. Los siete más ricos precisan de otros trece.

El G-20 representa actualmente el 73,6% del PIB mundial. Combinando el G-7, la Unión Europea, los BRICS y otros países emergentes importantes, tendríamos un conjunto incomparablemente más relevante a nivel económico y más equilibrado.

Así que estamos viviendo el fin de la “occidentalización” del mundo, una situación que se inició a finales del siglo XVIII y se mantuvo hasta finales del siglo XX. Tal vez esa verdad sea la razón principal de la negativa rusa a regresar al seno del G-7.

El centro de gravedad de la economía global ya no es el Océano Atlántico. Se trasladó a Asia con China, hoy la segunda economía mundial, aunque la primera cuando se calcula en paridad el poder adquisitivo frente al de los Estados Unidos. Por no hablar de la India, que también crece y ahora apunta a ocupar el quinto lugar. La cumbre del G-7 Biarritz ya no puede decidir por el mundo, digan lo que digan o lo que piensen los periodistas de los principales medios de comunicación occidentales.

LA INSIGNIFICANCIA DEL G-7

Los países que forman el G-7, desde la cumbre celebrada en Canadá en 2018, han considerado que no sería prudente mostrar las grandes diferencias que existen entre ellos, pese a las grandes coincidencias de intereses que mantienen.

Al mismo tiempo, esa dualidad de objetivos comunes y antagónicas opiniones sobre la solución a los problemas actuales, nunca ha sido tan importante y, sobre todo, parece irremediable e irreconciliable. Por lo tanto, no podemos excluir que en el G-7 se haya abierto una enorme brecha.

Sin embargo, es probable que los diplomáticos encuentren algunas hermosas, pero huecas fórmulas, que proclamen que el “Club” aún funciona, aunque sea patente que esa Peña se encuentre paralizada y, sobre todo, que ya no tiene la importancia que le distinguió hace 20 años.

https://www.les-crises.fr/russeurope-en-exil-biarritz-qui-se-soucie-encore-du-g-7-par-jacques-sapir/

 

a través de ¿A QUIÉN LE IMPORTA TODAVÍA EL G-7? (BIARRITZ, 2019)

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