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Démosles una oportunidad al audiolibro

Por Felicita Rivero

Si está leyendo esto, llamado por lo sugestivo del titular, Usted seguro es un lector de la vieja guardia. Apegado, muy apegado, al libro impreso, a sus encantos…

Y también, por supuesto, se ha atrincherado en la postura que sataniza cualquier otra propuesta de lectura que deje arrinconado al siempre querido libro de papel. Sin embargo, la vida, tan sorprendente como de costumbre, nos está llamando a reflexionar, a buscar lo positivo de cada nuevo acontecimiento, o descubrimiento. Porque el hombre no ha dejado de innovar. Y si alguna vez el invento de la imprenta, que tiene sus orígenes en la antigua China, aunque fue Gutenberg quien se llevó los honores, fue algo creativo y revolucionario para la difusión del conocimiento, ahora mismo ya es un medio más. La Revolución Tecnológica ha puesto sobre el ruedo otras maneras de leer. Todas novedosas, asequibles y modernas. ¿Por qué modernas?, y no he querido decir, de ninguna manera, que el libro es algo obsoleto, ajado o irrelevante. Dios me perdone de cometer tal blasfemia. Pero, inevitablemente, no se puede dejar de destacar la relevancia de la modernidad en nuestros tiempos, donde las personas, obnubiladas por los adelantos tecnológicos siguen con compulsiva fruición el ritmo del mercado y las modas que impone con novedad tras novedad.

Entre esas novedades figura el audiolibro, en ocasiones un poco preterido por la fascinación que causan otras propuestas de esta revolución tecnológica, pero con un gran impacto en la comunidad lectora. No solo es un producto viable para los débiles visuales o invidentes, también es una herramienta del conocimiento al alcance de todos y que necesita ser explotada en toda su potencialidad, en especial, en nuestras editoriales, que se están quedando atrás del mundo editorial moderno. Aunque los audiolibros existen desde1930, no fue hasta la llegada de Internet que se difundió con total éxito. Ahora es una de las maneras de acceder a la lectura, a través del oído, de las diversas obras, ya sean de literatura o de otras materias. ¿Pero qué es un audiolibro? Consiste en un archivo que contiene la lectura de un texto, sea cual sea su género, a micrófono abierto, cuya voz puede ser del propio autor, la computadora, otra persona, un locutor profesional, o un grupo de actores que dramatizan la obra.

A pesar de que nos mantiene alejados de la rutina de manosear el libro impreso, jugar con sus hojas, percibir su olor; el audiolibro nos ofrece otra experiencia de lectura, también válida. La facilidad con que se accede hoy  a los diversos dispositivos de audio, ya sean los reproductores de Cds, el iPod, los teléfonos celulares con MP3, le han allanado el camino para introducirse en el corazón de la comunidad amante de los libros. En tiempos donde la visualidad le gana la batalla a la escritura, donde los jóvenes necesitan ser rescatados de las redes sociales para sentir que hay algo más, interesante y divertido por cierto, fuera de Internet, el audiolibro puede ser una gran arma. El mayor de sus atractivos es que se le puede escuchar mientras se está haciendo otra labor, sin contar que posee la opción de adelantarlo o retrocederlo sin dificultad. Al ser portable y ocupar casi cero espacio, no incordia llevarlo con nosotros a cualquier parte, además de permitirnos socializarlos con otros compañeros.

Es necesario entonces darles una oportunidad, atrevernos a romper con los viejos prejuicios y sentarnos a escucharlos. Podría sorprendernos gratamente. Yo misma me propuse el reto. Dediqué una tarde a deleitarme con uno de ellos, tomé como conejillo una novela ligera, Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, publicada en 1813, ya que casualmente había visto la versión cinematográfica de 2005 dirigida por Joe Wright unos días antes. No lo lamenté, ni un segundo. Quedé tan encantada, que ahora mismo estoy engrosando mi biblioteca personal con muchos de estos audiolibros que pululan por Internet de manera gratuita. Hecho que pone de relevancia otra realidad insoslayable de esta modernidad, la concepción de las bibliotecas también ha sufrido cambios. Para bien. Para nuestro beneficio, pues nos permite poseer muchos de nuestros libros preferidos en diversos formatos y ocupar, como en mi caso, solo un disco externo de muchos terabytes. Entonces no espere más y déjese llevar por esta nueva experiencia. Leer, sea cual sea la manera, merece la pena. Borges tenía razón: De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro…

 

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