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El gran desafío

imagen de revistadeletras.net

Por Felicita Rivero

Hoy no leemos igual que ayer. Esto es un hecho. El mundo ha evolucionado: la llegada de la era digital trajo nuevos cambios, que alcanzaron cada aspecto de la vida tal y como la conocíamos antes. Si lo pensamos bien, esto no es un fenómeno desconocido. Es más de lo mismo: la vieja dialéctica haciendo de las suyas. Antes habíamos dejado atrás las tablillas de arcilla y el pergamino, dándole un lugar cimero al libro de bolsillo; ahora hay que abrir un espacio para el libro digital. No creo que se deban pelear uno y otro, pueden yacer justo al lado: libro físico y libro digital. Cada quien con su encanto… Iniciar una batalla solo traerá pérdidas irreparables, y no hablo de pérdidas monetarias, la Cultura es más que un negocio lucrativo, es esencia, libertad, pasión, goce. Eso es lo que perderíamos, y con ello un poco más de nuestra humanidad.

Tenemos que aceptar que el libro ya no es como lo conocíamos desde el siglo xix; en la actualidad estará definido por el soporte en el cual se publique: digital, papel, mp3. Sin embargo en algo sí coinciden todos: llevan la historia escrita al lector, la misma historia. Tenemos que aceptar también que la manera de leer ha cambiado: ahora leemos imágenes, grafitis, libros, internet… Es un universo de posibilidades, tan inmenso, que es real que podemos extraviarnos, perder el rumbo. El elemento visual ha invadido los espacios, remedo de aquella época en que la arquitectura con sus extraordinarios capiteles, gárgolas, buscaba impresionar, ilustrar y  condicionar al público iletrado.

Tenemos, entonces, un nuevo desafío: condicionar al público a estos novedosos formatos. El ser humano por norma hace resistencia al cambio, y escucharemos seguidores y detractores (apocalípticos e integrados, como bien los llamara Umberto Eco). Incluso estarán aquellos que se rindan, se alejen, por no adaptarse. Y perderá el libro (cualquiera sea su forma), el lector, incluso la Cultura. No alcanza con desarrollar grandes ferias o campañas de promoción, lanzamientos, encuentros o debates, hay que empezar a actuar. Despertar, desde la pasión, la pasión de la lectura. Y ese será el reto que tendrá que sortear a sus cincuenta años de creado el Instituto Cubano del Libro.

No es un secreto que el hábito de la lectura ha ido perdiendo seguidores, y Cuba no es ajena a este fenómeno. Negativo, lamentable y que despierta la preocupación de los profesionales del libro. Nos toca, a los editores, reconquistar a los lectores, sea cual sea el formato en el que se presente el libro.  El presidente del ICL ya lo decía: «No se puede desconocer que podemos y debemos lograr una oferta más variada y balanceada de libros, la que debe combinar la buena novedad con las reimpresiones y reediciones que el público espera». De hecho, debería ser que cada publicación cuente con los diversos soportes que existen para difundir la literatura mundial. Para gustos hay siempre un público, y así cada quien accedería a la obra desde el formato de su preferencia. Esta variedad de opciones unida al atractivo de la trama, condición indispensable, deberá dar resultados. Al final de la jornada, leer es más que un buen hábito, se vuelve una necesidad una vez que has sido atrapado por el encanto de la literatura.

 

 

 

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