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“Plebiscito: literalmente, una decisión de vida o muerte”: Sergio Jaramillo

“Plebiscito: literalmente, una decisión de vida o muerte”: Sergio Jaramillo

A mí no me asusta la campaña por el no. Me asusta la indiferencia de las ciudades”, dice Sergio Jaramillo. / EFE

El alto comisionado dice que las más generosas para entender, comprender y perdonar son las víctimas directas de la guerra. Pero que, paralelamente a su nobleza, ha habido una campaña “tramposa” y de desinformación.

Por: Cecilia Orozco Tascón

Contrario al carácter de reserva que tuvo el proceso de negociación en La Habana, el equipo del Gobierno encabezado por Humberto de la Calle y por usted se volcó a hacer la tarea que se denomina “pedagogía de la paz”. ¿Cómo han vivido el cambio abrupto que implica pasar de la condición de secreto total a la de difusión?

No hubo secreto total: cada vez que llegábamos a un acuerdo, lo hacíamos público. Lo que no quisimos fue trasladar las posiciones en la mesa a los micrófonos. Así cualquier negociación se ahoga, porque se queda sin margen de maniobra. La pedagogía ahora ha sido una sorpresa. Ver el interés de la gente, de quinientos líderes del Atrato esperanzados y ávidos de información en un colegio en Quibdó, o de unos 2.500 estudiantes universitarios entusiasmados en un coliseo en Medellín, es una revelación.

¿Exactamente por qué? ¿Por la curiosidad que genera el proceso, por los sentimientos que despierta en la población o por cuáles otras razones?

Porque se empieza a respirar, por fin, el entusiasmo de la paz.

Particularmente para usted, ¿fue difícil cambiar el “modo compartimento” por el “modo altavoz”?

La negociación fue muy difícil, pero la pedagogía sin pausa nos tiene molidos. Hay que hacerla.

Algunos de los “pedagogos” de oficio de la paz han dicho que por más que intentan, sienten que la gente no los escucha. ¿Usted cree que es muy complicado entender los compromisos del acuerdo?

Para nada. La gente escucha con mucha atención. Hoy en día se encuentran, incluso, grupos de ciudadanos que montan sus páginas web para explicar, ellos mismos, los acuerdos. Uno se llama http://www.pajarito.co. Es una maravilla.

A falta de información, la gente tiende a suplir la ignorancia con rumores que se dan por ciertos. ¿La diferencia entre esos rumores y la verdad de lo que se negoció es muy grande?

Hemos tenido dos problemas: el primero es que poca gente lee. Los acuerdos, ya le dije, eran públicos. El segundo es que se puso en marcha una campaña de desinformación como Colombia nunca había conocido. Hoy me dijo un periodista que el rumor que más circulaba en las redes era que el acuerdo les quita el 9 % a los pensionados. Son muy tramposos.

¿Quiénes son “muy tramposos”? Los que hacen campaña para votar no en el plebiscito, supongo…

Es obvio quiénes son.

¿Usted teme más a la campaña por el no, o a la indiferencia y el abstencionismo?

A mí no me asusta la campaña por el no. Me asusta la indiferencia de las ciudades. Pero siento que eso está cambiando.

¿En cuáles sectores y ciudades han sido más refractarios a aceptar como verdades y sin sospechas las explicaciones que ustedes están dando?

El país se está despertando lentamente y se da cuenta de que el 2 de octubre se decide el futuro de todos: de esta generación y de la que viene. Los que han tenido la guerra en la nuca, están marchando por las calles. En Quibdó sacaron el martes, en una manifestación, un pendón que decía: “Medellín, Bogotá, Pereira, Cali, Bucaramanga, Cartagena, Manizales… Colombia… no se olviden de nosotros. El Chocó necesita la Paz”. En Medellín se están movilizando los estudiantes. El riesgo es que para esa fecha no se haya despertado el resto del país.

¿Y qué sensación tiene sobre lo que está sucediendo en las zonas rurales con la radicalización de la campaña por el plebiscito?

Los que vivieron la guerra en carne propia van a salir masivamente a votar. Hace dos semanas estuve reunido con siete mil indígenas en Piendamó, Cauca. Ellos sí saben qué es sufrirla. Ese día tomaron la decisión de votar por el sí.

De los temas y puntos básicos pactados con las Farc, ¿cuáles han sido los más aceptados o los más cuestionados en las charlas que han tenido con la ciudadanía?

Cuando uno explica con calma que este es un acuerdo que salva vidas, integra el país y les da a las víctimas respuestas que nunca han tenido, la gente entiende. Sin duda lo que más molesta es la participación en política. Pero resulta que sin participación en política no hay acuerdo de paz. Ni aquí ni en ninguna parte una guerrilla firma un acuerdo y les entrega sus armas a las Naciones Unidas para luego disolverse sin más. Lo hace para transformarse en una fuerza política. Así fue con el M-19 y así será con las Farc.

La profunda molestia que por momentos se ha generado en unos sectores políticos por el acuerdo, ¿se ha reflejado en los encuentros entre ustedes y la gente del común?

No. Con Humberto de la Calle les hablamos en Medellín a 1.200 presidentes de juntas de acción comunal. La mayoría era partidaria del sí, pero algunos manifestaron que estaban con el no. Todos oyeron en silencio y discutieron civilizadamente. Así también se construye paz.

¿Las actividades de comprensión del contenido de los acuerdos que ustedes están desarrollando incluyen a la población opositora o, claramente, esa porción de colombianos está excluida de sus reuniones?

Incluyen a todo el mundo y a nadie le decimos cómo votar. Como asegura De la Calle, la pedagogía es sin adjetivos. Que cada quien decida. Y –afirmo yo– que cada uno asuma las consecuencias de su decisión.

El Centro Democrático instaló dos vallas en una vía a El Rodadero, en Santa Marta, que decían: “Quieres ver a Timochenko presidente? Vota SI (sic) al plebiscito”. En la parte inferior del cuadro se veían las siglas FARC-EP y a su lado un rifle de asalto, las banderas de Cuba y Venezuela y las fotos de Fidel Castro y Hugo Chávez. ¿Cómo las calificaría?

Como la propaganda de la gente que se quedó sin argumentos.

Pero podrían hacer mella. El senador del uribismo Honorio Henríquez, del Magdalena, hizo “guardia” durante unos días para impedir que las bajaran por violación a normas ambientales, como lo ordenó la alcaldía. “Timochenko presidente” asusta a mucha gente.

Los ciudadanos no son brutos. Yo no me preocuparía tanto.

En la semana que termina se realizó la última conferencia (reunión general) de las Farc en su condición de rebeldes ilegales. Asistieron a ella alrededor de 300 periodistas del mundo. ¿Este fue el “plebiscito” del otro lado de la mesa de negociación de La Habana, para hacer difusión de los acuerdos y ratificarlos?

Claro. Las Farc también debían explicarle a su propia gente qué se acordó. Y tienen que tomar la decisión colectiva de desmantelar la organización armada para crear un nuevo partido político. Eso es lo que están haciendo.

Según los reportes periodísticos, el lenguaje, las actitudes, la conducta individual y colectiva y hasta la vestimenta de los jefes de la guerrilla y de sus militantes rasos son totalmente distintos: de civil, sin armas al cinto, distendidos y hasta divertidos oyendo música y bailando. ¿Qué opina de esa impresión mediática?

Que las Farc, al fin, están entendiendo que su futuro depende de la opinión de los colombianos.

Sin embargo, todavía hay afirmaciones de jefes guerrilleros que ofenden a la gente, como la de alias Romaña que a una pregunta sobre un secuestrado contestó: “ni me acuerdo”.

Eso es cierto: la gente se ofende.

¿Qué les sugeriría a las Farc en este aspecto específico de comunicación?

Que oigan más a los colombianos.

A propósito de oír: ¿qué deberíamos aprender los demás ciudadanos de las víctimas y sus actitudes? Han ido a enfrentar sus resentimientos y dolores mirando personalmente a la guerrilla en La Habana y han dado impresionantes testimonios de perdón…

Para mí, la lección principal es el extraordinario potencial que tiene la paz. Después de reunirse cinco horas con los familiares de los diputados y de oír muchas verdades con respeto y atención, Pablo Catatumbo les dijo: “Hoy con humildad sincera hacemos un reconocimiento público y pedimos perdón. Ojalá ustedes nos perdonen”. ¿Quién se hubiera imaginado eso? Al día siguiente, Fabiola Perdomo (esposa de uno de los diputados asesinados) me dijo que esa reunión le había cambiado la vida. El perdón libera. Lo que no quiere decir que Fabiola o los demás familiares de los asesinados hayan renunciado a su derecho a que ese crimen atroz sea investigado y juzgado por un tribunal, o esclarecido por una comisión de la verdad. Es lo que va a pasar: todo esto es posible porque hay un acuerdo de paz. Si no, hubiera quedado en la impunidad.

Entonces es cierto que han resultado más generosas las víctimas que quienes no han tenido que vivir la guerra sino de lejos…

Absolutamente. Esa es una de las grandes sorpresas y de los grandes aprendizajes de este proceso de paz. Tal vez eso tiene una explicación: las víctimas no quieren que nadie más sufra lo que ellas sufrieron.

En las últimas horas han aparecido algunos videos de individuos del Magdalena Medio en que amenazan al Gobierno y a unos altos funcionarios –según dicen– por “entregarle el país al comunismo”. Parece un chiste, pero ¿cree que puede llegar una oleada de neoparamilitarismo que atacará el proceso de paz y a quienes firmaron los pactos?

Ese es un tema que hay que tomar en serio y que no se resuelve, simplemente, con nuevas medidas de seguridad. Por supuesto, hay que ponerlas en marcha y ya están acordadas en el punto de garantías de seguridad del acuerdo. Para mí, lo más importante es hacer pactos políticos en las regiones con los diferentes sectores de la sociedad sentados en una misma mesa, incluyendo a quienes en el pasado apoyaron a los paramilitares, para acordar que se va a respetar el proceso de dejación de armas y reincoporación a la vida civil de las Farc; que todos renuncian a cualquier forma de justicia privada y que el Gobierno se compromete a proveerles a todos protección, como es su deber.

Me causó curiosidad que un respetado personaje de la India, el líder espiritual Ravi Shankar, que ha desarrollado métodos de superación de emociones negativas y que es consultor de organismos como la Unesco, haya viajado a encontrarse con víctimas y victimarios. ¿De quién fue la idea de traerlo?

De Francisco Moreno, el hijo del exfiscal de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo.

¿Exactamente para qué?

Quieren ayudar.

Sobrecogen las imágenes de la reunión que algunos miembros de la comunidad de Ravi Shankar, usted y otros negociadores del Gobierno, los de las Farc y los familiares de los diputados asesinados en el Valle tuvieron en La Habana, cuando todos se toman de la mano con los ojos cerrados (ver http://www.noticiasuno.com).

Esa reunión fue presidida por monseñor Monsalve, obispo de Cali. Como dije, fueron unos momentos duros en los que todos hablaron desde el corazón.

Personalmente, ¿cómo espera que resulte la ceremonia de mañana y cuáles expectativas y compromisos quedarán de esas imágenes que, en todo caso, serán impactantes?

Es muy positivo que el apoyo de la comunidad internacional, que ya viene dándose, se exprese en la ceremonia de la firma de mañana. Pero, de lejos, lo más importante en este momento es que los colombianos salgan masivamente a votar el 2 de octubre. Es la primera vez, desde el plebiscito del año 1957, en que el futuro del país está en las manos de cada uno de nosotros, de los negros, de los blancos, de los indígenas, de los mestizos, de todo el mundo. O aprovechamos la oportunidad de construir un futuro de paz con las dificultades que esa etapa va a tener, o volvemos al pasado. Es, literalmente, una decisión de vida o muerte.

Tomado de El Espectador

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