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Con la mayoría en el parlamento ¿podrá la derecha imponer la Sexta República? (II)

  «Bolívar y Chávez personifican la patria; ellos se han arraigado en lo más profundo del inconsciente del alma nacional. Lastimar su memoria o intentar sacarla de allí equivaldría a conmover al país en lo más hondo de sus cimientos, para lo cual tendrán que sacrificar hasta el último soldado…»

(Fragmento de las palabras del General en Jefe Vladimir Padrino López, Ministro de Defensa, en el Acto de Desagravio desde el Cuartel de la Montaña tras el ignominioso retiro de las imágenes de Simón Bolívar, de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro de las instalaciones del Palacio Federal Legislativo donde sesiona la recién instalada Asamblea Nacional por órdenes de su presidente, el filo-fascista Henry Ramos Allup, el 7 de enero de 2016).

Finalmente la derecha golpista venezolana consiguió su anhelado objetivo: hacerse de la Asamblea Nacional bicameral con una marcada mayoría. La buena noticia es que la primera sesión (05 de enero de 2016) de su toma de posesión resultó en un auténtico vomitivo en la medida en que más que propuestas para resolver los grandes y graves problemas nacionales, la derecha escupió su escapulario de medidas todas correspondientes a la carcomida y neoliberal Cuarta República: «amnistía para liberar a los (presuntos) «presos políticos» que son verdaderos criminales procesados por la justicia — que, por cierto, esa derecha a desconocido en reiteradas ocasiones —; privatizar los programas sociales como la vivienda, la salud y acabar con las misiones bolivarianas; reprivatizar la propiedad hoy en manos comunales y en el Estado para entregarla a sus antiguos propietarios, privatizar PDVSA y ponerla en propiedad privada y al servicio de las transnacionales (particularmente norteamericanas con quien ya en entrado en tratos oscuros), derogar la actual ley laboral para flexibilizarla y precarizarla con el fin de introducir de lleno la superexplotación de la fuerza de trabajo que abarate su valor y el salario con el fin de incentivar la acumulación de capital y el aumento inusitado de las tasas de plusvalía y de ganancia para el capital doméstico e internacional y, sobre todo, su objetivo estratégico: derrocar al presidente constitucional del país, Nicolás Maduro, en un lapso no mayor a 6 meses a partir de la toma de posesión por la mayoría legislativa. Estos son, en resumen, los lineamientos de la «nueva» derecha pro-fascista que no se traducen en otra cosa que en sus intentos, apoyados por el gobierno de Estados Unidos y su embajada en el país, de instaurar la Sexta República neoliberal y proimperialista que, en rigor no sería más que el remedo de la vieja república carcomida (la Cuarta) que fue derrotada por el gobierno bolivariano bajo la conducción del comandante Hugo Chávez a partir del arribo al poder de éste el 2 de febrero de 1999 cuando se comenzó a procesar la actual Quinta República Bolivariana.

Es importante destacar que ante, el vomitivo que es prácticamente imposible de digerir, otra buena noticia es que a pesar de la arrogancia y del envalentonamiento de las huestes derechistas, los «nuevos» diputados mayoritarios tuvieron que aceptar a regañadientes su instalación, no con los 112 diputados que originalmente había reconocido oficialmente el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) — y que le confería una mayoría calificada al contar con dos tercios del total de los votos (167) incluyendo los 55 correspondientes al Polo de la Patria — sino 109, dado que 3 fueron impugnados, además de otro diputado del ala chavista y suspendidos hasta que no decida lo contrario la Sala Electoral del TSJ. El recular de esta manera de su empecinamiento de juramentar a como diera lugar a sus 112 diputados para tener la mayoría calificada, el chavismo se apuntó un punto a su favor revelando, de entrada, que las cosas no van a ser tan sencillas para derrocar al gobierno por los sectores golpistas ahora vueltos mayoría. A pesar de que mientras escribimos estas líneas se difundió la noticia del desacato de los diputados de la coalición de la derecha al juramentar a los tres diputados de la MUD del Estado Amazonas impugnados, ello no le quita mérito a la presión que ejerció el chavismo y puso al descubierto una carta más de los intentos golpistas de la derecha envalentonada que no va a dudar ni un instante en su acometido para destituir al gobierno y destruir la revolución bolivariana en curso. Pero nuevamente subrayamos que impedirlo no depende solamente del gobierno, sino de la movilización popular y de la profundización de la revolución en el sentido de consolidar una sociedad completamente nueva, democrática, socialista y popular con todo lo ello implica. Es importante señalar que el desacato de los diputados de la MUD atenta contra los cinco poderes del Estado Venezolano que, por su puesto, ellos desconocen y que lo seguirán haciendo como norma de conducta subversiva para sabotear todos los esfuerzo del gobierno con el fin de restarle legitimidad ante la población.

Por último, ante las manifiestas y descaradas violaciones al reglamento interno denunciadas in situ por los diputados bolivarianos que, como se perfila, será el comportamiento normal de la mayoría contrarrevolucionaria en el Congreso de hoy en adelante, la bancada patriótica decidió abandonar el recinto e inusitadamente — esto último por supuesto para otra realidad que no fuera la venezolana ­— volcarse al pueblo que mantiene una constante vigilia y movilización para conjurar inmediatamente cualquier intento de provocación y de golpe es Estado que es la carta constante que la «nueva mayoría» tiene escondida bajo su manga. Esto provocó que el recinto legislativo se convirtiera en una auténtica cloaca donde permaneció todavía por algunas horas la derecha mayoritaria auto-agitándose y consolidando su juramentada conspiración para destituir al presidente Maduro y, con él, al sistema todo que él representa.

Pero para desgracia de los personeros de la contrarrevolución las cosas no son tan sencillas, ni pintan de color de rosa en su imaginario contrainsurgente.

En primer lugar, tienen al frente un pueblo mayoritariamente organizado y consciente de que los sectores que se abstuvieron en las pasadas elecciones del 6D, o que francamente votaron en contra del gobierno, en ningún momento lo hicieron para liberar a presuntos «presos políticos» que sólo existen en las torcidas mentes de los dirigentes antichavistas y pro-golpistas ni, mucho menos, para derrocar el gobierno en turno. Si bien mediante toda una campaña mediática montada por los principales medios de comunicación dominantes (El país, CNN, NTN24, El clarín, el duopolio mexicano TELEVISA-TV-Azteca, O Globo, entre otros) se difundió — y se sigue difundiendo — el supuesto «cambio democrático» irreversible» en Venezuela — ignorando u ocultando que la democracia, cualquiera que ella sea, existe gracias al sistema político-electoral garantizado por el gobierno bolivariano y de ninguna manera por las acciones contrainsurgentes de la burguesía, los guarimberos y sus brazos derechistas —, sin embargo, una vez calmadas las agitadas aguas y vuelta la calma relativa se puede entrever que el tiempo corre en contra de las derechas, más que en contra de las fuerzas organizadas del chavismo, para coronar con éxito sus intenciones desestabilizadoras y golpistas que, recogidas del basurero y de las cenizas de la vieja Cuarta República a quien esos diputados encarnan, terminaran por fructificar en instituir, de jure o de facto, el sistema capitalista neoliberal dependiente rentista exportador enteramente funcional a los intereses geoestratégicos y políticos del gran capital nacional y extranjero y de las voraces empresas trasnacionales que, por ejemplo, se están volviendo a asentar en Argentina bajo el neoliberal y proimperialista gobierno de Mauricio Macri a quien, por cierto, no tarda en reaccionarle una contestona popular, por no llamarle insurreccional, de alto calibre político y social debido al descontento social que están causando sus medidas neoliberales de privatización de sectores estratégicos como el de las telecomunicaciones tan necesarias para difundir masivamente la ideología neoliberal, devaluación de la moneda, incremento de la deuda pública, despido de miles y miles de trabajadores por todo el país, incremento inusitado de los precios de los productos básicos y de los servicios y, por supuesto, represión masiva e intensa. Todo esto realizado mediante la promulgación de decretos al margen del Congreso Nacional en una eventual e inédita actitud golpista que viola los preceptos constitucionales del país.

La actitud contrarrevolucionaria y beligerante de la derecha, incluso, se trasluce en actitudes despóticas y enfermizas como la del filo-fascista Henry Ramos Allup, actual presidente del Congreso, que a su llegada ordenó en tono mandarín y prepotente — en un remedo del derrumbe de la estatua de Saddam Hussein cuando entraron las tropas norteamericanas en la plaza Fardos, en el centro de Bagdad, el 9 de abril de 2003 — retirar del recinto de la Asamblea Nacional todos los símbolos y efigies de Simón Bolívar, Chávez y del Presidente Maduro «hasta que no quede ninguno», no hace más que reflejar el odio de clase de estos personeros de la burguesía parasitaria que están dispuestos a todo, incluso a recurrir al golpe de Estado para recuperar el poder e instituir la sexta república neoliberal oligárquica-terrateniente que preserve sus prebendas y privilegios en consonancia con su integración subordinada a los intereses norteamericanos y de las empresas trasnacionales. Pero al advertir esta acción francamente fascista y de odio de clase, inmediatamente se produjo la indignación de la población frente a estos actos de prepotencia propios de las clases oligarcas de mentalidad colonialista y servil. Por lo que será prácticamente imposible de borrar los valores patrios y la herencia bolivariana en la constitución de la nación venezolana en el pasado histórico y en el presente y futuro.

Como en Argentina — donde el gobierno neoliberal del empresario Macri se está imponiendo a sangre y fuego contra la población — el retorno de la cuarta república (o sexta reconstruida) sólo se podrá hacer también a través de la represión y de la violencia perpetrada por la derecha, con el apoyo irrestricto del capital internacional y del gobierno norteamericano y demás gobiernos y fuerzas serviles de la región que estuvieran a tono con esos intereses contrarrevolucionarios sedientos de poder y de concentración de riquezas.

Como bien lo está haciendo el gobierno y lo anunció el presidente maduro se está procediendo a renovar su gabinete en aras de una rectificación de los posibles errores cometidos en el pasado, con el objetivo no sólo de enfrentar decididamente la crisis económica que, por cierto afecta prácticamente a todos los países del mundo y, en especial, a los latinoamericanos, para presentar un programa alternativo de naturaleza económica que preserve y mejore en lo sustancial los programas sociales y el bienestar de la población. Pero, como ha señalado el nuevo titular de economía, Luis Salas (véase: Telesur: http://www.telesurtv.net/news/Venezuela-derecha-rechazaria-Decreto-de-Emergencia-Economica-20160108-0014.htm), además de hacer un llamado a unir esfuerzos para superar la coyuntura actual y frenar los planes de la derecha opositora, destacó que es muy probable que esta fuerza mayoritaria del Congreso rechace el Decreto de Emergencia Económica propuesto recientemente por el gobierno de Nicolás Maduro.

Es evidente que a la oposición antichavista de ninguna manera le conviene aprobar medidas de carácter económico, social y productivo encaminadas a enfrentar la crisis y resolver los problemas de abasto, de inflación y de desarrollo del país. Por el contrario, dentro de su estrategia contrainsurgente y completamente neoliberal, entre sus objetivos manifiestos figuran el sabotaje, el acaparamiento de los productos básicos de primera necesidad con el fin de generar escasez y descontento entre la población, todo en conjunto para provocar un clima de desestabilización y fragmentación social capaz de constituir un conjunto de procesos que permitan regenerar un «efecto demostración» mediático ante la opinión pública nacional e internacional que pudiera, eventualmente, justificar tanto la «necesidad» de la destitución del gobierno en turno como el resurgimiento de la obsoleta cuarta República obviamente bajo el poder político de esa derecha y de la burguesía dependiente acordonada en los intereses geo estratégicos y militares del imperialismo.

Este nuevo proceso recién comienza y necesariamente se darán las respuestas organizadas, en el plano jurídico-legal, político e ideológico, por parte de las fuerzas del gobierno y del chavismo en consonancia con las movilizaciones populares y comunales frente a lo que se avecina como una actitud sistemáticamente planeada, encaminada, como señalamos, a la destitución del Presidente Maduro.

Pero este tema será objeto de una próxima entrega.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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