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Santiago: un país dentro de Cuba

Por Yeneily García García

Nadie que haya estado en Santiago de Cuba, regresa siendo el mismo. Quizá te mueve aquello de descubrir otro país dentro del que pensabas era demasiado pequeño para albergar tanta diferencia. Quizá sea el calor o su gente.

Allí se vive y se respira música y no en forma de caricatura para el turista, sino porque no encuentran otra manera de existir que la de cantar en las esquinas, en los parques, en los bares y en los portales.

Los santiagueros tienen esa musicalidad tan arraigada que no pueden evitar les salga a la hora de caminar y hasta de hablar. Despréndase de estereotipos y afine el oído: Santiago es Santiago, no por gusto.

Antes, capital de una Cuba que en aquellos tiempos – cuando estaba fresca la huella de personajes como Diego Velázquez, primer gobernador del territorio-  todavía tenía bosques que se abrían para albergar asentamientos y donde La Habana era sólo una promesa de lo que sería después.

Protagonista, nunca escenario frío de la historia nacional. De donde salió Hernán Cortés a conquistar el continente. Decorado natural para la mayor batalla naval en costas cubanas. Refugio de los colonos franceses que huyeron tras la temida revolución “negra” de Haití y vórtice en el que convergió la emigración caribeña. La suya fue la segunda Universidad fundada. Lugar de reposo final de Martí.

En Santiago se dice que está la primera casona, la más antigua del país y posiblemente de América, curiosamente intercalada entre edificios modernos, que deslucen ante el aspecto del hogar de Velázquez. Testigo del acontecer santiaguero por siglos, entrar en ella es retroceder en el tiempo.

Allí también están la primera catedral de Cuba, la primera mina de cobre a cielo abierto del continente y el primer museo de la nación. Está el Morro oriental, la Fortaleza San Pedro de la Roca.

Cuna del son, el bolero y la vieja trova. El lugar “de donde son los cantantes”. La patria chica de Miguel Matamoros, Sindo Garay, Ñico Saquito, Eliades Ochoa, Compay Segundo y Olga Guillot.

Y ahora, esta urbe cultural, patrimonio nacional, heroica, hogar de hombres y mujeres rebeldes en todas las épocas; sigue la estela de festejos que por sus cinco siglos organizan las añejas villas cubanas. En el 2015 cumplirá Santiago 500 años de su fundación por Velázquez. Cinco veces cien años de vocación cubana, como diría Omar López Rodríguez, Conservador de la Ciudad.

Otra ocasión para celebrar también que el Huracán Sandy no se llevó lo que de verdad importa: la gente, el sentido de pertenencia, las ganas de “echar pa´lante” y la sonrisa.

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